
Diputado por la Junta Superior de Observación y Defensa de Cataluña. Arcediano de Benasque, era canónigo de la catedral de Lérida, capellán de honor de Carlos IV y auditor del tribunal de la rota.
Vocal de la Junta, fue elegido el 5 de febrero de 1810 en las Casas Consistoriales de la ciudad de Manresa. Aquel mismo día se le otorgó su poder, jurando su cargo en las Cortes y tomando posesión el 29 de octubre.
Participó en la comisión encargada de elaborar el proyecto de Constitución y, muy activamente, junto con Argüelles, en los debates sobre el artículo 1º (La nación española es la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios) y, a punto estuvo de contradecirle, cuando dijo: no han debido definir la nación como constituida, aunque lo esté; sino que ha sido necesario considerarla en aquel estado en que, usando de los grandes derechos de establecer las leyes fundamentales, esté constituyéndose).
Elaboró, junto con el diputado por la Habana, Andrés Jáuregui, el decreto sobre las elecciones de los nuevos ayuntamientos, ante las quejas de los diputados americanos sobre su escasa representación política. Partidario de mantener las grandes divisiones administrativas vigentes en América, mostró su desacuerdo ante los intentos de crear nuevas divisiones que consideraba como excesivas.
Tachado de jansenista, era hombre de amplia cultura, fácil palabra y gran claridad expositiva. Efectivamente, pudo ser el gran orador de las Cortes si no fuera porque Argüelles pronto adquirió esa categoría. Formó parte de la comisión encargada de elaborar el Proyecto de Constitución y fue elegido miembro de la diputación permanente de las Cortes por 108 votos a favor, y tres días después, el 9 de septiembre, Presidente de la misma. Vivía en Cádiz en la calle de la Cruz de la Verdad, núm. 72, volviendo a ser diputado , suplente, por Cataluña en las Cortes Ordinarias de 1813. Entre 1820 y 1822 fue arzobispo de Sevilla y desde 1823 miembro de la sección de Ciencias Morales y Políticas de la Academia Nacional.